lunes, 22 de marzo de 2010

Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

Las noches de nuestra historia tienen nombre propio: la noche de los Bastones largos; la noche de las Corbatas; la noche del Apagón en Ledesma; la noche de los Lápices… No fue una noche. Fueron varias para la misma muerte.
Demasiados nombres para una misma Verdad; para una misma ausencia.
Nuestra historia nos reclama voz. “Me gritaban que no los olvide” relató Pablo Díaz, un chico de 16 años detenido la primavera de 1976, sobreviviente de La noche de los lápices. Vano intento el de esa noche, los Lápices siguen escribiendo…
Memoria para honrar los jueves de ronda de aquellas Madres de Plaza de Mayo que no saben de renuncia. Memoria para no repetir errores. Memoria para tantas y tantas ausencias. Memoria porque el “mirar para otro lado” nos privó de libertad y nos bañó en sangre. Todo está guardado en la memoria, refugio de la vida y de la historia.
Memoria porque el silencio es mortal. Y nuestra poesía diaria debe ser la Verdad, para que los amigos del barrio, los cantores de radio, los que están en los diarios, la persona que amas, los que están en el aire, los que están en la calle no vuelvan a desaparecer. Para que los inocentes no vuelvan a ser culpables como dice su señoría. Para que ellas, las madres y abuelas, no bailen solas. Para decirle NO a tanta mentira organizada, a tanta bronca porque matan sin descaro pero nunca nada queda claro, porque está prohibido todo, hasta lo que haré de cualquier modo
Porque es necesario cantar de nuevo, una vez más, Sólo le pido a Dios que el engaño no me sea indiferente, que si un traidor puede más que unos tantos, que esos tantos no lo olviden fácilmente
Porque no queremos NUNCA MÁS tener que exigir “aparición con vida” cuando la vida no se quita. Porque la única lucha que se pierde es la que se abandona. Porque SOLIDARIDAD es la palabra. Porque nuestro trabajo es RECONSTRUIR VALORES. Porque 30.000 ausencias son demasiadas ausencias. Para que por fin, nuestra memoria pueda volar libre, como el viento.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bueno, quisiera Dios que los educadores del mundo tuvieren esta voluntad suya.

Te felicito.