Y JD le habló en el idioma de la Galicia de su padre. Con las canciones que bañaban su infancia en Panamá y que tenían música gallega. JD buscaba reconocer a esta tía cercana y extraña con la mirada idéntica a una que añoraba.
Mi abuela trataba de escuchar en la maraña en que hacía unos años se habían convertido sus sonidos.
Había enterrado esas palabras infantiles con toda la historia que cargó en el Belle Ville.
Había cerrado a cal y canto una parte española de su vida.
Había quemado cartas y había olvidado rostros.
Pero cantó.
Un rato largo le siguió la canción con que una voz hermana había educado a un niño en alguna tarde latinoamericana en que rememoraba la placidez de lo que fue. Y la impregnó de búsqueda.
Mi abuela hacía más de cincuenta años que no la cantaba en su idioma natal.
Mi abuela cantó.
LUZ VERDE PARA LAS OREJAS
Hace 6 años


1 comentario:
Y como se extraña ese canto, su voz, su bendicion, su precupacion... como te extraño Encarnita...
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