lunes, 27 de julio de 2009

HISTORIAS DE MI HISTORIA

Tengo una familia numerosa. De parte materna nací sabiéndolo; crecí con ella; se fue extendiendo a medida que yo también crecía. Por parte de mi papá, podíamos contarla con los dedos de las manos. Hace un puñado de años, gracias a un viaje de su hermana a España, nos anoticiamos de la existencia de un hermano de mi abuela, allá, donde ella nació. Quedaba también una sobrina, hija de su hermana más querida. Ella fue quien contó que por Costa Rica había otra parte de la familia, hijos del hermano mayor, al que mi abuela pensó que seguía los pasos cuando, junto a su marido, decidieron que, pobreza por pobreza, elegían la que presentaba más oportunidades y decidieron que América pagaba más por los mismos números. Ese hermano al que pensó que seguía si el barco que abordaron no tuviera pensado como destino a Argentina cuando su intención era Cuba. Ese barco que la trajo acá ganándole a la ignorancia de los puertos americanos cercanos unos de otros; agnósticos de la amplitud latinoamericana, de los kilómetros sin sentimientos que separan países, fronteras, ciudades... Así, sin partos previos, nos creció la familia paterna, de un día para el otro. Fue una primavera fértil. De pronto nos encontramos, distancia por medio, con dos sobrinos, mujer y varón, G y JD. G tenía tres hijos que adoraban a su abuelo. Ese abuelo que murió tratando de ubicar a su hermana en Argentina; ese abuelo que se llevó la tristeza de no encontrarla, a la tumba. Ese abuelo que les trasladó a sus hijos la búsqueda.
Tengo una familia numerosa por ambas partes. La de mi mamá tiene las raíces que dan el conocimiento, el crecer juntos, el compartir bautizos, cumpleaños y todo tipo de acontecimientos.
La de mi papá tiene la magia de reconocernos las voces en el teléfono.

1 comentario:

ferchu dijo...

Me emocione.... como siempre.
Besos